Bolivia, sin dudas en las trincheras

Dudar es de cobardes o de flojos. Ese sentimiento bárbaro corre como la pólvora en todas partes y se acelera en las redes sociales. El mundo se divide en buenos y malos. No hay más: dime donde te ubicas y te diré quién eres. Ninguna falta hacen los argumentos, los datos o la interpretación de leyes si se trata de “los otros”. Cuando son “los nuestros” y emerge el mínimo asomo de duda se puede apelar a un giro normalizado y aceptar que, por ejemplo, “sí, robó ‘un poco’, pero hizo una beneficiosa reforma del sistema de pensiones” (el famoso “roba pero hace”) o se puede negarlo todo, puro lawfare, ese nuevo mantra – en psicología, repetición neurótica del sujeto a fin de fijar y reforzar un pensamiento circular– que empieza a globalizarse. Pasa en Argentina y en España, y lo ha ilustrado la crisis boliviana como si fuera un ejemplo de manual. Asumo que mantener un vocabulario neutral – ni golpe ni restauración, “crisis”– no me evitará las piedras de algunos convencidos de que en de 2019 hubo golpe ni las de otros que, con un esforzado ejercicio de malabarismo, encuentran una justificable continuidad institucional entre los sucesos de octubre, que culminaron con la renuncia de Evo Morales, y la toma de posesión de Jeanine Añez.

El MAS ha vuelto legítimamente al gobierno tras las elecciones de 2020. En días pasados, el proceso judicial contra la ex presidenta interina apelando a la figura de ‘terrorismo’ y sin seguir los procedimientos establecidos ha sido condenado por organizaciones de derechos humanos, como Human Rights Watch. ¿También es lawfare? Definitivamente no, es un ejemplo más de que el lawfare no existe. El lawfare como maquinaria al servicio del régimen (¿cuál?) no existe pero sí hay en muchas partes de la región un serio problema de cooptación del Poder Judicial y un uso faccioso del derecho. Existe una manipulación interesada, pero dinámica, de las instituciones judiciales. Insisto, dinámica. Es buena noticia, porque salvo por Cuba y Venezuela, América del Sur no se parece a Rusia. Pluralismo por defecto, una pobrísima virtud (pero virtud al fin) que permite el cambio, aunque tenga patas de barro, porque la misma figura que se activó contra Añez se había activado un año antes contra Evo Morales. (Human Rights Watch también lo condenó entonces, por estar políticamente motivada y no respetar el debido proceso). Por si hiciera falta: no, no quiero decir que Añez no debería ser investigada y condenada en caso de que – y veo probable que en un jucio justo ocurra– se encuentren pruebas de accionar ilícito, causas de corrupción y/o violaciones a los derechos humanos.

Dudar no es de flojos ni de cobardes. Escuchar argumentos, informarse y debatir son actos de resistencia democrática en la actualidad. Los procesos electorales latinoamericanos se viven como una verdadera revolución o como una tragedia, según sean sus resultados. Los cambios políticos no son irrelevantes, pero las trincheras ideológicas, a diferencia de las reales, no sirven para la defensa. Solo tiran más leña al fuego, una leña en la que se consumen energías necesarias para fortalecer el estado de derecho y concentrar recursos económicos y humanos en una gestión pública muy urgente.

Publicado en Clarin el 25 de marzo de 2021 https://www.clarin.com/opinion/bolivia-dudas-trincheras_0_SOvxsGKiZ.html

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